viernes, 17 de octubre de 2008

VickyCristinaBarcelona

En Todo lo que usted quería saber sobre el sexo, pero temía preguntar, uno de los primeros films de Woody Allen, el director se encarnaba en un bufón medieval. Casi cuarenta años después, nuestro hombre sigue erre que erre y se traslada ahora a la Corte de Barcelona para buscar el favor (y el sustento) de sus reyezuelos. En estas cuatro décadas de bufonadas, sin embargo, el artista ha aprendido muchas cosas de su oficio, y ahora es capaz de reírse a la cara de los nobles sin que le corten la cabeza. Porque esto es VickyCristinaBarcelona: una parodia del concepto "Barcelona" que han acabado pagando los mismos creadores de ese concepto. Sí, ahora todo el mundo critica a Allen, pero ¿cuántos creadores son capaces de morder la mano que los alimenta y quedarse tan panchos? Es más: ¿cuantos creadores son capaces de eso y, encima, recibir los parabienes de los mordidos?
Se critica habitualmente de VickyCristinaBarcelona que su visión de la ciudad es superficialmente turística, que para nada se impregna de su espíritu real. ¿Pero qué espíritu? Si Barcelona (o, cuanto menos, la Barcelona oficial) es exactamente como nos la muestra Allen: una postal comercial en la cual hasta las putas dan glamour al Raval. El cineasta, seguramente por pereza creativa, pero también con una perspicaz visión de lo que le rodea, no ha profundizado en el alma de la ciudad por dos motivos: 1) porque Mediapro y l'Ajuntament no le pagaban para eso, y 2) porque rápidamente percibió, en sus paseos y cócteles de bienvenida con Hereu, que hoy por hoy la Barcelona que se pregona al mundo aspira a ser, antes que ciudad, el parque temático del turista pijo, justamente la fauna que llena la trama del film.
Y aquí es donde está la jugada maestra de Allen. Siguiendo a sus jovencitas de turismo por Barcelona reincide en uno de los temas habituales de su obra: la superficialidad e inmadurez emocional de la burguesía yanqui. Pero a la vez, mueve a sus personajes por una ciudad que se ha puesto a la altura para acogerlos. O sea, una Barcelona caracterizada, a tenor de la voz en off, por los monumentos encantadores, las noches románticas y la gastronomía exquisita. Una Barcelona chic, vaya. Y ese adjetivo, viniendo de Allen, no es precisamente elogioso.
Así que pasaremos por alto el guitarreo flamenco (mil veces preferible, eso sí, a un concierto de tenora), la confusión cultural (convertir l'Hospital de Sant Pau en una escuela de idiomas) o el forzado juego idiomático. Allen no ha venido a Barcelona para entenderla, sino para retratarla. Y, con la superficialidad de su película lo hace perfectamente. ¡Cómo debió divertirse vengándose de toda esa cultureta autóctona que se le arrimó tan pronto puso un pie en el Prat! Vean, vean la escena en que aparecen Lloll Bertran y Joel Joan: interpretan a unos artista bohemios (¡ja!) y apenas aparecen tres segundos barridos por un movimiento de cámara panorámico (¡ja, ja!).
Por lo que respecta al aspecto estrictamente cinematográfico, VickyCristinaBarcelona acaba ahogada por su propia condición de broma, y pese a las esmeradas interpretaciones de Penélope, Bardem o Johansson, los pobrecitos nunca saben cuándo toca drama o cachondeo. Un error habitual en muchas de la películas de Allen, que siempre ha sido un patoso dirigiendo actores. Eso sí, con los años el cineasta tiene mejor gusto visual y, aquí ayudado por la fotografía de Javier Aguirresarobe, consigue una cinta elegante y por momentos chispeante. Una cinta que se consume sin problemas... siempre que uno no confunda las burbujas de la gaseosa con las del cava. Lo interesante, ahora que el film ya ha llegado a las pantallas, es comprobar cómo esta bomba de relojería sigue explosionando y salpicando de ridículo a quienes la armaron. Y es que ver el orgullo de instituciones y productores “nostrats” ante el éxito de público del film no hace más que certificar la pazguatería de nuestros poderosos, que hacen la vista gorda ante la irreverencia casi punk del gran Woody: vengo, ruedo, cobro y os dejo en ridículo con un film sobre vuestra ridícula ciudad. Pero al final, ¿qué importa?, dirán. La cosa da pasta, nos traerá supuestamente a turista de Palm Beach (más pasta) y algunos nos hemos podido hacer una foto junto a Woody Allen. Dinero y ego. Para eso se hizo VickyCristinaBarcelona, ¿no?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

mmm la peli no me gustó, pero nunca pensé en algo tan retorcido. De ser asi, congratulations, woody, eso sí que es estar de vuelta.
por cierto, hoy he visto 27 vestidos y, tal como aseguró en su día el doctor, no es una mala pelicula, solo que la vendieron mal. see yu el jueves!

Paquita dijo...

Peli mala, malísima. Pe, histérica, no convence. Scarlett, sosa de narices. Bardem, latin lover de pacotilla... De lo peorcito de Woody Allen. Parece un chiste malo de si mismo.