
(Grandiosa frase la que le despacha El Niño Bola a un friqui de manual convertido en su sombra perpetua. Es, a la vez, el resumen de lo que, con su altibajos e irregularidades, pretende la interesante Santos: reflexionar desde dentro del friquismo sobre su propia estupidez congénita. Sí, aquí se reivindica el poder vitalizante del cómic, la imaginación y la cultura pop, pero se fustiga por momentos a tanto zumbado rendido al peterpanismo como filosofía de vida).
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